domingo, 24 de junio de 2018

Atmósfera

Ayer vi una criatura mágica en el bosque. Estaba dando un paseo al atardecer cuando apareció, de repente, tras una curva del camino. Al principio no la vi bien porque estaba a contraluz y me pareció que era solo un sarrio pastando. Me sorprendió porque ya no hay tantos por estas tierras como antes. Son tímidos y se mantienen alejados de los seres humanos que en los últimos años han hecho del valle su patio de recreo. Sin embargo aún quedan unos pocos en las montañas. Son difíciles de ver y me sentí privilegiada. Entonces me miró y el tiempo se paró. Cuando digo que se paró no es un decir, se detuvo de verdad: los pájaros dejaron de trinar, la corriente del río se congeló y el polvo del camino quedó suspendido ante mis ojos. En ese instante supe que me había cruzado con un dios. Bueno, con lo más parecido a un dios que he visto nunca. No sé si todos los dioses son como éste o cada uno adopta una forma diferente; si es un dios menor o el único Dios. Yo solo sé lo que vi y cómo me hizo sentir. Era como si la luz del sol brotase de su cuerpo y templara el mío. Más que eso: como si un astro me iluminara por dentro y me hiciera arder en llamas. Creo que no me estoy explicando bien... Me embriagó el calor de la felicidad y el placer de conocer un secreto, pero acompañados de un cierto aire de advertencia. A fin de cuentas me encontraba ante la presencia de un dios que, estoy casi segura, tiene el inmenso poder de dar la vida y arrebatarla con un solo pensamiento. En ese momento escuché un lenguaje sin palabras. Creo que me habló mentalmente. Fue un instante revelador. Yo quería contestarle, hacerle preguntas, mantener una conversación; mas algo me lo impidió. Puede que su poder me detuviera, o el miedo, sí porque, aunque era el ser más hermoso que he visto nunca, yo estaba aterrorizada como un ratón ante la presencia majestuosa del águila. Y ahora estoy aquí intentando transmitir su mensaje. No me mires así. Sé que suena a locura pero todo lo que te he contado es cierto. Quizá no me haya explicado bien. Puede que los términos que he escogido no sean los adecuados. No es fácil transmitir el mensaje de un dios. Nuestra lengua está limitada por nuestra cultura y educación, por nuestra experiencia y comprensión de las palabras; no es intuitiva y global como su mirada. Si le vieras lo comprenderías todo, pero solo si amas la naturaleza y eres observador aparecerá también ante ti.

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