sábado, 30 de junio de 2018

A la espera

Clavó su corazón con un alfiler a la pared y lo etiquetó con la fecha y el lugar exactos. Una semana después el corazón era de piedra; al mes, le habían salido espinas. Un año más tarde le brotaron alas pero su vuelo fue interrumpido y el corazón se hizo añicos contra el suelo. Lo vendó hasta que sanó y cosió a mano las heridas más profundas. En su interior plantó semillas de azucena y ahora lo observa día y noche, a la espera.

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