domingo, 8 de octubre de 2017

Equidistancia

El género no debería ser muro
sino ventana a un paisaje singular.
Qué más da nuestra envoltura,
sexo, edad y otras etiquetas,
si somos las ideas
que anidan en el pensamiento;
un cerebro, amor y aliento
envasados y con fecha de caducidad.

Pero al nacer nos clasifican
entre pelotas y mariposas,
coche azul, muñeca rosa,
contrafuertes sentimientos.
No somos iguales
ni tan distintos,
tan solo dos sexos
y dos individuos
equidistantes
y predispuestos.

Hazte el fuerte, sé un hombre,
llora sin lágrimas,
las señoritas no corren, no saltan,
mantienen las piernas cerradas,
depílate, aféitate,
ponte bien el nudo de la corbata,
aprieta hasta que no puedas pensar,
esas tetas bien altas,
pon tu orgullo a la altura de los demás,
maquíllate y mírate qué guapa estás
cuando estás callada,
no te rías, qué ordinaria,
compórtate,
sé un caballero,
abre la puerta a las damas,
pero más te vale llegar tú primero,
trepa, trepa la escalera,
tanto el héroe
como la aventurera.

Todos somos iguales:
meros peldaños,
sueños recubiertos
de piel, sudor y complejos.
Trae dinero,
sé decente, dócil,
condescendiente,
no descuides tu trabajo,
no te comas a los niños,
prepara algo digno de cenar,
limpia la casa,
barre el alma...
Es tu obligación
como hombre,
como mujer,
hacerte respetar
por la sociedad.

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