lunes, 8 de octubre de 2018

Zorro rojo

El otoño es un zorro rojo
que pasa corriendo,
huyendo.
El invierno le besa los pasos,
le pinta el rabo de blanco.
El otoño en su prisa
tiñe los árboles y las mejillas.
Cómplice del viento se esconde
entre risas el zorro del hombre.
Se instala en el patio, despacio.
Abre la puerta, los ojos, las manos.
Airea secretos, levanta tormentas.
Cierra huecos, ventanas, se asienta.
Parece que llega la calma
pero vuelve a componer
partituras de tierra
con su alma de pájaro
encajada en los zapatos
y a correr tan rápido
que las hojas se caen tras él.
La tierra exhibe sus encantos:
bayas y setas para engañarlo,
pero nadie es capaz de atrapar al zorro
que deja un halo de nostalgia a su paso,
niebla los ojos, escarcha las manos
y entibia el corazón que da un vuelco
si me despierto y un enorme hueco
                                           descansa
                                            a mi lado.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Laguna de Bezas

Zumban las moscas.
Croan las ranas
—verde esmeralda y doradas—.
La laguna se enrosa
de polygonum amphibium en flor
—mini flamencos con los pies en el agua—.
Las libélulas se aman de azul.
Las fochas comunes ¿graznan?
El sol se echa la siesta
en la masía abandonada.
Hay rastros de jabalíes
—tierra escarbada—,
también colillas:
huellas humanas.

martes, 11 de septiembre de 2018

Flor de invernadero

Soy una planta de interior,
una flor de invernadero.
Tengo los pies en la tierra,
el corazón en el suelo.
Mi mundo es una maceta
que se queda pequeña
si me muevo.
Sueño con echar raíces
en la montaña
y ramas en el firmamento.

Concierto urbano

La ciudad tiene música propia,
un ritmo infinito de ruidos:

vehículos que pasan
—motos con risa aguda,
camiones rugiendo graves,
coches y autobuses
tosen como fumadores—
bocinas, voces,
gritos, ladridos,
radios, televisores
y otros altavoces,
puertas que se cierran,
tapas de contenedores
y más golpes,
una alcantarilla suelta...
y dragones.

Desde mi terraza me siento
como una directora de orquesta

que ha perdido el control.

Desahogo

Deshago mi equipaje:

guardo el sol en el armario;
el río, en la nevera;
las estrellas, en el baño;
el aire puro, en el congelador;
la lluvia, en fiambreras
y el bosque, en mi interior.

Una camada de gatos
resbala por mi corazón.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Quisiera ser

Quisiera ser
un espíritu del bosque
tan antiguo
que no tuviera nombre,
sentir por un momento
que el infinito
resbala por mis venas,
que desangra la realidad
y espera.

sábado, 8 de septiembre de 2018

Naturaleza anfitriona

Las marmotas
—gatos de las praderas
del color de las piedras—
nos observan
desde el vano de su casa
con las puertas abiertas.

Cuatro jóvenes águilas reales
nos sobrevuelan.
Las marmotas alertan
de su presencia:
grito
—silencio—
grito.
Una llamada diferente
a la que advierte
del peligro por tierra:
grito, grito, grito.

En el camino, un lución:
un lagarto sin patas
que parece una serpiente
pero no lo es
—al contrario que algunas personas—.
Su piel marrón reluce al sol
como la goma de una bicicleta.

El camino está plagado de rebollones,
nos salen al paso
con sus sombreros naranjas
saludando.

La naturaleza
—atenta anfitriona—
nos proporciona
paz de espíritu

y la cena.